A principios de julio de 2006 salí de Madrid rumbo a Mongolia. Iba a pasar tres semanas observando al último caballo salvaje del planeta (Equus Przewalski Poliakov, takhi para los mongoles), reintroducido con éxito en el Parque Nacional de Hustai, a unos cien kilómetros al suroeste de Ulan Bator. Llevaba en la mochila tres libros. El primero, El arco y la lira, de Octavio Paz. El segundo, la obra ensayística de R. W. Emerson. El tercero, escrito en un cuaderno con tapas de damasquino aún sin estrenar, comprado el verano anterior en Capadocia —literalmente, «la tierra de los caballos bonitos»—, acabó siendo este libro. [CJA]

lunes, 9 de junio de 2008

Manual de supervivencia en la Feria del Libro

El domingo 15 de junio por la tarde estaré firmando ejemplares de mi primer libro de poemas, Manual de supervivencia, en la caseta de Bartleby Editores, en la Feria del libro de Madrid. Me invitó Pepo, el editor, y aunque hace ya seis años que se publicó, sacará ahora una mini-tirada que estará en la Feria. También estará Juanjo Almagro con su primer libro de poemas, El hombre bañera, publicado por Bartleby este mismo año. La soledad del corredor de fondo que es la poesía se llevará mejor con otro amigo en la caseta, aunque yo a Pepo lo considero un amigo también y cerraremos la Feria festivamente. Siempre pensé que publicó mi libro por razones extraliterarias, porque le tocaba en lo personal el tema de la última parte. No quiero decir que el libro no tuviera la suficiente estatura literaria como para ser publicado (eso tampoco me toca decirlo a mí), sino que entre los muchos manuscritos que recibe una editorial, a veces un eje de azares hace que uno de ellos salga publicado. Y pasa con Barlteby como puede que pase con algunos equipos de fútbol, la Ponferradina, pongamos por caso. Imaginemos un equipo con mucho entusiasmo y pocos medios que juega en tercera regional y forma a un chaval y le da minutos en el campo. Luego llega el Dépor y le ficha, y la Ponferradina se queda con un palmo de narices y pensando que siempre es igual, que ellos son los que hacen futbolistas y luego los equipos galácticos se llevan el fruto de su esfuerzo. En realidad yo no me siento así (ni soy galáctico ni juego en primera, es más, en el Dépor también se chupa mucho banquillo), pero quizá sea inevitable esa sensación en las editoriales pequeñas (para cuestiones de tamaño, quién la tiene más grande, etc., véase en este blog la entrada sobre microeditoriales). Además, Barlteby no sólo ha acabado ascendiendo a primera, sino que lleva camino de jugar la chámpions, osea que el símil de la Ponferradina y el Dépor era sólo por ir a la par del mundial que se juega estos días. Me encantará volver a ver a Pepo. Y aunque ese día juegue la selección o caigan chuzos de punta, lo pasaremos bien hablando de fútbol, bueno de poesía que para el caso es lo mismo.

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