A principios de julio de 2006 salí de Madrid rumbo a Mongolia. Iba a pasar tres semanas observando al último caballo salvaje del planeta (Equus Przewalski Poliakov, takhi para los mongoles), reintroducido con éxito en el Parque Nacional de Hustai, a unos cien kilómetros al suroeste de Ulan Bator. Llevaba en la mochila tres libros. El primero, El arco y la lira, de Octavio Paz. El segundo, la obra ensayística de R. W. Emerson. El tercero, escrito en un cuaderno con tapas de damasquino aún sin estrenar, comprado el verano anterior en Capadocia —literalmente, «la tierra de los caballos bonitos»—, acabó siendo este libro. [CJA]

domingo, 22 de junio de 2008

Siempre quise escribir una entrada sin palabras

que dijera simplemente algo así como "Solsticio de verano en la Sierra de Madrid. Para María, que vive allí. Con muchos besos". Algo así.





































2 comentarios:

María dijo...

Muchas gracias Carlos!! un placer tu visita, esperamos que se repita pronto, y muchas gracias por el libro también. besos

Carlos Jiménez Arribas dijo...

Mary, Mary: el mejor salmorejo de la Sierra, sin duda. Pero es que la Maliciosa puede conmigo, me deja doblao para dos generaciones. ¿La llaman así por eso?
Más besos para ti.
Carlos.