A principios de julio de 2006 salí de Madrid rumbo a Mongolia. Iba a pasar tres semanas observando al último caballo salvaje del planeta (Equus Przewalski Poliakov, takhi para los mongoles), reintroducido con éxito en el Parque Nacional de Hustai, a unos cien kilómetros al suroeste de Ulan Bator. Llevaba en la mochila tres libros. El primero, El arco y la lira, de Octavio Paz. El segundo, la obra ensayística de R. W. Emerson. El tercero, escrito en un cuaderno con tapas de damasquino aún sin estrenar, comprado el verano anterior en Capadocia —literalmente, «la tierra de los caballos bonitos»—, acabó siendo este libro. [CJA]

sábado, 10 de noviembre de 2007

El hombre bañera y el niño océano



Mi amigo Juanjo Almagro Iglesias (el Mangus) acaba de publicar su primer libro de poemas, El hombre bañera. Lo ha sacado Bartleby, que sigue en su línea de combinar poetas norteamericanos de prestigio y primeros libros de poetas españoles jóvenes. Me parece una línea muy acertada (¿qué vamos a decir, si fue Pepo quien publicó mi primer libro de poemas?), que ha dado y está dando muy buenos frutos. El libro de Juanjo tiene poemas espléndidos, muy de raíz, en los que entran diversos elementos, culturales, biográficos, pero que él lleva hacia un norte de sentido como yo no he visto hacer a nadie entre nosotros. Sale el desparpajo de Billy Collins, el hiato en el ánima de Vallejo, el lirismo insoluble en vena de Gamoneda, todo en un lenguaje rico y compacto, pequeñas pastillitas para la tos del alma y la memoria. Yo le tengo especial cariño a un poema sobre un caballo, pero hay momentos de verdadera poesía. Además, es una muy buena radiografía de nuestra generación (Juanjo y yo somos del 66), desde los barrios del Madrid de los primeros setenta, con mucho descampado, igual que hoy día Ulan Bator, y en el que los niños nos eternizábamos jugando al fútbol, como todavía se hace en Nápoles, hasta este tiempo finisecular de ahora. Todo empieza una mañana en la que a un niño le peina su madre para ir al colegio, y termina donde terminó un poco todo para nosotros, en una fecha: el 11-M. En la foto, estamos Juanjo y yo intercambiándonos nuestros vástagos, "Toma, aquí tienes un bañerita", "Toma tú este caballito". Tengo que excusarme por las pantuflas y las barbas, pero es que el encuentro tuvo lugar en mi casa. Lo celebramos todo con unos huevos rotos, y la sobremesa se prolongó, como aquellas pachangas en el descampado que no acababan, con espiritosos y más amigos que se incorporaron más tarde. Fue un día de la Almudena con cielo plomizo sobre Madrid, pero brillaba el sol en nuestros corazones. ¡Qué grande eres, Mangus!

4 comentarios:

Juan José Almagro dijo...

Este es el poema de mi libro "El hombre bañera" al que Carlos tiene un cariño especial.Es una reinterpretación de uno que escribió él. Hoy más que nunca celebro la vida y la osadía de los potros alzados de manos. Cosas de los 40...

LA FE EN EL CABALLO

Ingenian una maleza de cuellos para aliviar la llaga de la rienda. En cambio tú,amigo,arengas al caballo de mil patas que crece negro y brillante en el eco de los potros, y no le desafías para cubrir a la mejor. En la doma el barro sobrante de los cascos concederá la forma a tu cara, tu cara y su mitad insomne de deseo y llanura.

Carlos Jiménez Arribas dijo...

Y no les hemos contado, Juanjo, amigo, que entre los dos tradujimos a la Charo, es decir, Sharon Olds, también para la cuadra Batleby. Como Pegaso, Mangus, allí donde chascas con el casco brota el agua de la poesía.

Raúl V. dijo...

Tiene muy buena pinta aquello que contáis en el post.

Dos libros en uno y un libro de cada uno por separado... Ahora que se acercan las navidades, qué mejor que un libro para que me regalen los reyes.

Suerte con todo

Carlos Jiménez Arribas dijo...

Gracias, Raúl. Nosotros, por supuesto, también creemos en los Reyes. Eso de que son los padres es sólo un bulo de los padres.