A principios de julio de 2006 salí de Madrid rumbo a Mongolia. Iba a pasar tres semanas observando al último caballo salvaje del planeta (Equus Przewalski Poliakov, takhi para los mongoles), reintroducido con éxito en el Parque Nacional de Hustai, a unos cien kilómetros al suroeste de Ulan Bator. Llevaba en la mochila tres libros. El primero, El arco y la lira, de Octavio Paz. El segundo, la obra ensayística de R. W. Emerson. El tercero, escrito en un cuaderno con tapas de damasquino aún sin estrenar, comprado el verano anterior en Capadocia —literalmente, «la tierra de los caballos bonitos»—, acabó siendo este libro. [CJA]

viernes, 8 de febrero de 2008

Se publica Darwin en las Galápagos, mi segundo libro de poemas

Fue el último poema que escribí. En el periódico vi la reproducción de un grabado de época: un hombre con botas, sombrero de explorador y rifle al hombro, camina con ademán marcial por un paraje semidesértico. Está ladeado porque mira fijamente a un animal casi tan grande como él. Es una tortuga elefante de las Galápagos, y le devuelve la mirada con una mezcla, sólo posible en el reino animal, de curiosidad e indiferencia. Escribí el poema sobre ese encuentro que pudo haber cambiado la historia de la ciencia, y lo dejé a un lado, como si fuera a ser parte de un libro futuro. O el último recuerdo de un libro pasado. Mientras, como ajeno a esa mirada fortuita de hombre y bestia, mi segundo libro de poemas seguía debatiéndose entre el magma y la fijación. Luego me fui a Mongolia, y allí el mundo natural se imprimió en mí con una intensidad que nunca hubiera imaginado. Y si yo ya no era el mismo, tampoco podía serlo el libro: volví y le di la vuelta como un guante. En el proceso se cayeron casi veinte poemas, los más maleables, que eran también los más retorizados. De ellos, quedaron sólo como ecos aquí y allá, y lo que estaba al final pasó al principio, lo que era el principio fue el final. In my end is my beginning, tal y como T. S. Eliot lo quiso poner. Y en esa reordenación, el yo dejó paso a los animales, aunque nunca fueron en este libro uno sin los otros. Y “Darwin en las Galápagos” dejó de ser un poema al margen y pasó a dar título a todo un libro, a que todo un libro girase sobre él, con esos ejes escorados hacia el final que tienen los libros de poemas y de cuentos. Un libro que ya es una pequeña gran realidad. Lo ha publicado DVD, y por ello, a mis amigos Sergio Gaspar y Eduardo Moga, les estaré siempre agradecido.

DARWIN EN LAS GALÁPAGOS

Mira de paso a la tortuga, Charles, y di que no, que es imposible hallar algo más parecido a un elefante en una isla. Testudo elephantopus, ese es el nombre, la variación en el espacio de lo mínimo, un atributo de color, de ser, más denso en las costuras de la especie. Sin la tortuga, Charles, ¿existes tú y lo elefantino de tu rifle, eres acaso el hombre y no un capricho de la vida? Todo triunfo es de la forma, Charles. Mira despacio al cuerpo que no duda: en la seguridad del paso avanza algo más alto que la ciencia, un estupor que el animal traduce en cuello erguido y añoranza del marfil. Y posibilidad de trompa.




8 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo primero: como suele decirse en estos casos: felicidades por Darwin, las Galápagos, esos viajes increíbles que estás haciendo y, sobre todo, por ti y por existir.

Lo segundo: acabo de descubrir tu blog, aunque te hubiera leído, por mi amigo Fadanelli, compañero del instituto. Él te lee desde hace tiempo. Y sabe lo que vales, aunque seas, por lo que veo, de esos escritores que prefieren la vida a los encuentros literarios (creo que los llamáis saraos) porque lo importante no es que hablen de ti, aunque sea mal para que así te conozcan y te lean (estar en todos los sitios), sino disponer de lectores que hayan llegado a tu obra a través de tu obra y no por un premio, una reunión, explotar las revistas literarias, los suplementos culturales... El poeta es un poeta para el poeta y el novelista lo es también para los suyos. Yo siempr ele digo a mi hija Laura, que ahora le ha dado por ser escritora (y aunque me joda no lo hace nada mal) que escriba si quiere escribir y se deje de conocer poetas y narradores.

Me gusta tu actitud, Carlos.

Saludos desde Madrid,

Hugo J. Platz

Carlos Jiménez Arribas dijo...

Hugo,muchas gracias por tu comentario. ¿Tienes una hija que se llama Laura? A veces creo que daría todo lo que haya escrito y viajado, lo que pueda escribir, por tener una hija que se llame Laura, pero no sería justo, ni para ella, ni para mí!!
Sí, la escritura es cosa de silencios, apartes, alejamiento de lo más prescindible de la existencia que es esa espumilla llamada mundo literario (sólo hay un mundo). No te puedes imaginar lo que libera romper con todo eso. Laura sabrá encontrar su camino, no te preocupes, sabrá distinguir el caudal real del frenesí de espuma.
Y déjame que faRde de que me lea alguien que se llama Fadanelli!!
Abrazos desde Madrid.
Carlos.

Guti is here to stay dijo...

Enhorabuena, Mangus de mis linens!
"Añoranza del marfil" me recuerda a "los largos colmillos que no hay" o "al hueso en su resignación" de El Hombre Bañera. La metáfora compartida en términos de Lakoff: ANIMALITY IS ARRESTED DEVELOPMENT.

Anónimo dijo...

Ya era hora que encontráramos un libro de poemas que valiese la pena. El panorama es desolador en este género, no así en novelas que cada vez se escribe mejor. Lo compro y te comento algo cuando lo lea. Besos, Ágata.

El hombre sin generación. dijo...

Saludos y buena suerte con tus proyectos.

Carlos Jiménez Arribas dijo...

Guti, Águeda y Hombre desgeneracionado: gracias por vuestros comentarios. Guti: La poligénesis sigue siendo el motor de la literatura y de la vida; y Magnífico el díctum de Lakoff. Ágata: espero que no te decepcione, dicho lo cual, el libro ha acabado siendo bastante narrativo, o buscando la narración como vacuna contra lo más ombliguista y prescindible de la poesía. Cuando la generación muere, el escritor nace. O se hace. Abrazos para todos.

María dijo...

Enhorabuena Carlos por el libro, muy lograda la portada..

Besos, y que sigas siendo así.

Carlos Jiménez Arribas dijo...

Y tú que lo sigas viendo, María, guapa. Besos besos muchos besos.