A principios de julio de 2006 salí de Madrid rumbo a Mongolia. Iba a pasar tres semanas observando al último caballo salvaje del planeta (Equus Przewalski Poliakov, takhi para los mongoles), reintroducido con éxito en el Parque Nacional de Hustai, a unos cien kilómetros al suroeste de Ulan Bator. Llevaba en la mochila tres libros. El primero, El arco y la lira, de Octavio Paz. El segundo, la obra ensayística de R. W. Emerson. El tercero, escrito en un cuaderno con tapas de damasquino aún sin estrenar, comprado el verano anterior en Capadocia —literalmente, «la tierra de los caballos bonitos»—, acabó siendo este libro. [CJA]

viernes, 26 de octubre de 2007

La ciudad de Azúa

Otra cosa, amigos: voy a Nápoles la semana que viene y para ir documentándome he empezado a leer un libro que trata de esta ciudad, La invención de Caín, de Félix de Azúa. El caso es que en el prólogo he visto un posible debate entre esa concepción de la ciudad y la de la naturaleza que exploro en Viaje al ojo... Si no me equivoco, según Azúa, y es una reflexión brillante, Caín, al ser expulsado del paraíso, funda la ciudad, crea el artificio de la urbe como espacio alternativo a la naturaleza. Si os interesa, podéis contrastar esto con la visión en Viaje al ojo... de la naturaleza, la interpretación del episodio de Caín, y la visión de la ciudad. Ya me contaréis.

No hay comentarios: